Calabaza asada, el sabor de una receta valenciana en tu plato

Es uno de los platos tradicionales valencianos y se prepara en las tres provincias de la Comunidad Valenciana, pero también en muchos otros puntos de la geografía española. Tiene como protagonista absoluto uno de los frutos del otoño más popular, que no hace tanto se convertía en el centro de muchas fiestas gastronómicas valencianas y hoy se sirve en restaurantes de lujo, con variaciones pero manteniendo el espíritu de la receta tradicional.

Para hacer la “carabassa torrà” no hace falta mucha preparación, sino solo una calabaza de buen tamaño y tener listo el horno. En algunos pueblos se llevaba la mitad de la calabaza al horno de pan, donde se aprovechaba el horno antes de que se enfriara del todo, durante la mañana y una vez terminado de hacerse el pan. De esta manera se asaban con fuego de leña, a una temperatura más baja y se asaba poco a poco, consiguiendo un sabor realmente bueno.

La calabaza asada es un plato típico de la Comunidad Valenciana, que se suele tomar de postre, aprovechando el sabor dulce de la esponjosa carne de este fruto del otoño

Lo primero que se ha de hacer es abrir la calabaza por la mitad. Es complicado, ya que tiene una piel muy dura y se ha de contar con un cuchillo grande y bien afiliado. Y sobre todo hay que procurar no hacerse daño. Lo ideal es dejar dos partes iguales para que queden igualadas. Hay quien prefiere asarla con las semillas y otras las quitan antes de ponerla en el horno. Realmente, es cuestión de gusto, ya que su presencia no cambia para nada el sabor.

El horno ha de precalentarse a 160º, preferentemente con calor arriba y abajo, sin aire. La bandeja la cubriremos con papel para hornear, de manera que quedará protegida de las manchas que produce el jugo de calabaza al hervir. La pieza ha de hornearse durante una hora, aproximadamente, a 160-170 grados, mientras se va controlando para quede esponjosa y no se hornee demasiado. Una vez se ha superado la hora de horneado, se ha de aumentar la temperatura hasta los 180º y poner el horno con aire, además del calor arriba y abajo.

En cuanto se vea que la calabaza está dorada, ya se puede sacar del horno y dejar enfriar. En cuanto esté fría, se puede conservar en la nevera y al servir, se puede calentar un poco para hacer que aumente su sabor. Si no es muy dulce, se puede solucionar añadiendo un poco de miel al servir. Y ya tenemos uno de los postres y meriendas más tradicionales, sanos y ricos de la cocina valenciana.



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